La Matemática que Dibujaba el Universo: La Historia de Maryam Mirzakhani
12 mayo 1977 — 14 julio 2017
La matemática que dobló el tiempo
y murió demasiado pronto para verlo
Primera mujer en ganar la Medalla Fields en 78 años de historia. Iraní. Madre. Genio. Murió a los 40 años con el trabajo a medio terminar.
Maryam Mirzakhani quería ser escritora. De niña en Teherán, devoraba novelas y soñaba con inventar historias. Las matemáticas llegaron casi por accidente, impulsadas por una amiga y por una profesora que vio en ella algo que el sistema educativo iraní tardó demasiado en reconocer. Lo que siguió fue una carrera que redefinió la geometría hiperbólica, culminó con el único premio que importa en matemáticas —la Medalla Fields, que ninguna mujer había ganado en 78 años— y se truncó el 14 de julio de 2017, cuando el cáncer se llevó a una de las mentes más brillantes del siglo XXI con apenas 40 años. Su hija Anahita la creía pintora, porque siempre la veía hacer grandes dibujos en el suelo. Tenía razón: Maryam pintaba universos que nadie había visto antes.

Maryam Mirzakhani de niña, rodeada de sus dibujos. Antes de ser matemática, quiso ser novelista. Las dos vocaciones —la narrativa y la geometría— nunca dejaron de coexistir en ella.
▶ Documental
Maryam Mirzakhani
مریم میرزاخانی · Teherán, 1977 — Palo Alto, 2017
Primera mujer y primera iraní en recibir la Medalla Fields desde su creación en 1936. El premio se otorga cada cuatro años a matemáticos menores de 40 años. Mirzakhani lo recibió con 37, mientras combatía el cáncer de mama en silencio.

Olimpiada Internacional de Matemáticas, 1994. Maryam Mirzakhani, segunda por la izquierda, con el equipo iraní. Ese año obtuvo 41 de 42 puntos; al siguiente logró la puntuación perfecta.
En números
Cronología
Una vida en 14 momentos clave
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1977
Nace en Teherán
Maryam Mirzakhani nace el 12 de mayo de 1977 en Teherán, Irán, en plena revolución islámica. Crece en un país convulso: apenas dos años después de su nacimiento, la república teocrática reemplaza a la monarquía del Sha, y en 1980 comienza la guerra con Irak que dura ocho años. La infancia de Maryam transcurre en ese contexto.
1985
Sueña con ser escritora
De niña, Maryam se siente escritora antes que matemática. Devora libros, escribe cuentos, imagina universos narrativos. La primera vocación de quien terminará reformando la geometría es la literatura. Esta tensión entre narrar y demostrar nunca la abandona: dice que las matemáticas son como resolver un misterio, construir una historia con principio, nudo y desenlace.
1988
El sistema dice que no es buena en matemáticas
En sus primeros años de colegio, Maryam recibe calificaciones mediocres en matemáticas. Un profesor le hace creer que no tiene talento para los números. El daño dura años: ella misma llega a convencerse de que las matemáticas no son lo suyo. Solo la intervención de una profesora extraordinaria, que la anima a participar en competiciones, rompe ese mito.
1993
Ingresa en la Escuela Farzanegan
Con 16 años entra en la Escuela Farzanegan de Teherán, una institución para alumnos con altas capacidades dependiente de la Organización Nacional para el Desarrollo de Talentos Excepcionales. Allí convive con chicas igualmente brillantes. La competencia sana y la estimulación intelectual disparan su interés por los problemas matemáticos difíciles.
1994
Primera medalla de oro olímpica — 41/42
Con 17 años, Maryam forma parte del equipo iraní en la Olimpiada Internacional de Matemáticas celebrada en Hong Kong. Obtiene 41 puntos sobre 42, logrando la medalla de oro. Es la primera estudiante iraní de género femenino en conseguirlo. El resultado estremece las expectativas que el sistema educativo iraní tenía para las niñas con interés en la ciencia.
1995
Puntuación perfecta en Toronto — 42/42
Al año siguiente, en la IMO de Toronto, Maryam hace algo que nadie de su país había conseguido: alcanza la puntuación máxima, 42 sobre 42 puntos. Se convierte en la primera iraní en lograr la perfección absoluta en las Olimpiadas Matemáticas. Solo 14 estudiantes de todo el mundo logran ese resultado ese año.
1999
Licenciatura en Sharif
Se gradúa en Matemáticas en la Universidad de Tecnología Sharif de Teherán, la institución técnica más prestigiosa de Irán. Durante su estancia allí desarrolla una demostración simplificada de un teorema de Schur que impresiona a sus profesores. Es en Sharif donde aprende a trabajar en colaboración y descubre que las matemáticas son un deporte colectivo tanto como individual.
2004
Doctorado en Harvard bajo la tutela de McMullen
Completa su doctorado en Harvard University bajo la dirección de Curtis T. McMullen, ganador de la Medalla Fields de 1998. Su tesis, "Simple geodesics on hyperbolic surfaces and the volume of the moduli space of curves", contiene tres artículos independientes de alto impacto. La comunidad matemática la recibe como un trabajo que abre un campo entero de preguntas nuevas. Es, según sus colegas, una de las tesis doctorales más importantes de la última generación.
2004–2008
Princeton y el Instituto Clay
Tras el doctorado, trabaja como investigadora en el Instituto Clay de Matemáticas y en la Universidad de Princeton. En esos años consolida su reputación con publicaciones en las revistas más exigentes: Annals of Mathematics, Inventiones Mathematicae, Journal of the AMS. Su trabajo sobre las dinámicas del flujo del terremoto de Thurston y la ergodicidad pone su nombre en boca de todos los geómetras del mundo.
2008
Profesora en Stanford
Stanford la incorpora como profesora de Matemáticas en septiembre de 2008, con 31 años. Es una de las más jóvenes en alcanzar esa posición en el departamento. Ese mismo año se casa con Jan Vondrák, informático teórico de origen checo con doctorados del Instituto Tecnológico de Massachusetts y la Universidad Carlos de Praga. En Stanford, Vondrák también es profesor asociado desde 2016.
Nace Anahita
Maryam y Jan tienen una hija, Anahita Vondrák. Mirzakhani lleva a su hija a casi todos lados. Anahita crece viendo a su madre trabajar con grandes hojas de papel en el suelo, llenándolas de líneas y dibujos. Pregunta qué hace. "Pinto", dice Maryam. La niña la cree pintora. En cierto modo, lo era.
2013
Diagnóstico de cáncer de mama
A los 36 años le diagnostican cáncer de mama. Comienza el tratamiento de quimioterapia. En ningún momento deja de investigar. Sigue publicando, colaborando, asistiendo a conferencias. Solo su círculo más cercano conoce la enfermedad. Para el resto del mundo matemático, Maryam Mirzakhani es simplemente una de las mejores de su generación en pleno ascenso.
2014
La Medalla Fields — primera mujer en 78 años
El 13 de agosto de 2014, en el Congreso Internacional de Matemáticos celebrado en Seúl, la presidenta de Corea del Sur le entrega la Medalla Fields. Acaba de terminar un ciclo de quimioterapia. Los organizadores del congreso reorganizan el programa para que pueda marcharse antes. El mundo matemático explota de admiración. Los medios internacionales publican su foto en portada. En Irán, el gobierno levanta la restricción habitual de mostrar mujeres sin velo: su foto circularlas con la cabeza al aire.
2017
Muere a los 40 años
En 2016 el cáncer ha avanzado hasta el hígado y los huesos. La metástasis es imparable. El 14 de julio de 2017, Maryam Mirzakhani muere en Palo Alto con 40 años. La Unión Matemática Internacional anuncia su fallecimiento con estas palabras: "Fue una fuente de inspiración para matemáticos de todo el mundo." Stanford, Harvard y Princeton guardan minutos de silencio. El 12 de mayo, aniversario de su nacimiento, se declara Día Internacional de las Mujeres en Matemáticas.
El dato que lo cambia todo
Desde 1936, año en que se creó la Medalla Fields, hasta 2014, el premio se había entregado en 19 ocasiones a 52 matemáticos distintos. Todos eran hombres. Ninguna mujer había llegado siquiera a la lista corta durante 78 años. No porque no hubiera matemáticas brillantes —las había—, sino porque el acceso a las estructuras de poder académico, la formación doctoral, las redes de colaboración y la visibilidad internacional estaban sistémicamente cerradas para ellas. Maryam Mirzakhani no rompió ese muro a pesar del sistema: lo rompió también gracias a dos profesoras que se negaron a creer que el talento tenía género, una institución iraní que la entrenó para ganar olimpiadas y un director de tesis en Harvard que la empujó a hacer preguntas que nadie había hecho. Cuando recibió la Medalla, estaba en quimioterapia. Nadie en la sala lo sabía.

Maryam Mirzakhani en su etapa universitaria. Su paso por la Universidad Sharif de Teherán fue el trampolín hacia Harvard, donde desarrolló la tesis que la situaría en el mapa matemático mundial.
Módulo interactivo
Explorador de Geodésicas en el Toro
El trabajo de Mirzakhani estudia cuántas geodésicas cerradas simples tiene una superficie. Aquí puedes experimentarlo: traza trayectorias en un toro plano y observa cuándo son cerradas (racionales) y cuándo no.
Explorador de geodésicas — Toro plano
Basado en el trabajo de Mirzakhani sobre conteo de geodésicas cerradas simples

Maryam Mirzakhani trabajando. Su método era extenderse en el suelo con grandes hojas de papel y llenarlas de dibujos y fórmulas. Su hija Anahita, que la veía desde pequeña, pensaba que era pintora.
Contexto comparativo
La brecha de género en los premios de matemáticas
Perfil matemático
Las seis dimensiones de Mirzakhani
Originalidad
Profundidad técnica
Interdisciplinariedad
Competición olímpica
Impacto en el campo
Legado simbólico
Glosario interactivo
Las ideas que Mirzakhani transformó
Toca cada concepto para ver qué cambió con su trabajo.
Superficie de Riemann
Toca para saber más →El escenario matemático de Mirzakhani
Una superficie de Riemann es una superficie compleja unidimensional que localmente se parece al plano complejo. Son las superficies "vivas" de la geometría: una esfera, un toro (donut), una superficie con dos agujeros. Mirzakhani estudió las superficies hiperbólicas —aquellas con curvatura negativa constante— y sus transformaciones. Cada una de ellas tiene una geometría propia, con sus propias geodésicas, sus propias distancias, su propia "personalidad" matemática.
Geodésica simple
Toca para saber más →El camino más corto que vuelve al inicio
Una geodésica cerrada simple es la curva más corta en una superficie curva que regresa a su punto de partida sin cruzarse a sí misma. En la Tierra, las rutas de los aviones transatlánticos son aproximadamente geodésicas. El trabajo central de Mirzakhani en su tesis fue contar cuántas de estas curvas existen en una superficie hiperbólica de una longitud dada: la respuesta crece como L elevado a (6g−6), donde g es el número de "agujeros" de la superficie.
Espacio de móduli
Toca para saber más →El universo de todas las superficies posibles
El espacio de móduli de curvas es el "espacio de espacios": cada punto dentro de él representa una superficie de Riemann distinta. Si tienes una superficie con un agujero (un toro), el espacio de móduli contiene todas las formas distintas en que ese toro puede existir. Mirzakhani calculó los volúmenes de estos espacios con una fórmula de recursión completamente nueva —la fórmula de Mirzakhani— conectando la geometría hiperbólica con la física de cuerdas de Witten y Kontsevich.
Espacio de Teichmüller
Toca para saber más →El plano que parametriza la deformación
El espacio de Teichmüller recoge todas las métricas hiperbólicas posibles sobre una superficie fija, módulo deformaciones continuas. Es como un mapa que tiene una coordenada por cada manera de "estirar" la misma superficie sin rasgarla. Mirzakhani entendió la dinámica de flujos dentro de este espacio de una manera sin precedentes: demostró que ciertos flujos son ergódicos, es decir, que con tiempo suficiente visitan todo el espacio de manera estadísticamente uniforme.
Flujo del terremoto de Thurston
Toca para saber más →Cómo se deforma una superficie hiperbólica
William Thurston definió los "terremotos" geométricos: deformaciones suaves de una superficie hiperbólica a lo largo de una geodésica, que provocan un desplazamiento lateral como el de una falla tectónica. Mirzakhani demostró que el flujo inducido por este proceso es ergódico en el espacio de Teichmüller: dado suficiente tiempo, la trayectoria cubre todo el espacio de manera estadísticamente uniforme. Era una conjetura abierta desde los años 80.
Geometría hiperbólica
Toca para saber más →Un universo donde los ángulos no suman 180°
En geometría hiperbólica, la curvatura es negativa y constante (−1). En este universo la suma de los ángulos de un triángulo es siempre menor que 180°, caben infinitas geodésicas "paralelas" a través de un punto exterior a una recta dada, y las superficies son "más grandes" de lo que parecen desde fuera. Todo el trabajo de Mirzakhani —geodésicas, móduli, Teichmüller— vive en este tipo de geometría. Es el sistema de referencia desde el que reorganizó décadas de preguntas abiertas.

Clase en Stanford. Mirzakhani fue profesora del departamento de Matemáticas de Stanford desde 2008 hasta su muerte en 2017.

Seúl, 13 agosto 2014. La presidenta de Corea del Sur entrega la Medalla Fields a Maryam Mirzakhani. Era la primera mujer en recibirla desde la creación del premio en 1936.
«La investigación matemática es como perderse en una jungla y tratar de usar todo tu conocimiento para encontrar la salida. A veces, en el proceso, descubres algo hermoso que no estabas buscando.»Maryam Mirzakhani · Entrevista, 2014
La niña que quería escribir novelas
Maryam Mirzakhani nació el 12 de mayo de 1977 en Teherán, Irán, en el seno de una familia de clase media de la capital. Su padre era ingeniero; su madre, ama de casa. El Irán en el que creció era uno de los países más convulsos del mundo: en 1979, cuando Maryam tenía dos años, la Revolución Islámica derrocó al Sha Mohammad Reza Pahleví e instauró la república teocrática bajo el ayatolá Jomeini. En 1980 comenzó la guerra contra Irak, que duraría ocho años y costaría cientos de miles de vidas iraníes. Maryam hizo su infancia entera en ese contexto: sirenas de alerta aérea, racionamiento, un país en el que el futuro de las mujeres era un asunto decidido por hombres y por decretos religiosos.
Y sin embargo, Maryam era feliz. En las entrevistas que concedió de adulta, siempre describió su infancia como un tiempo de libros, conversaciones largas con su hermano y partidos de fútbol improvisados en los callejones del barrio. Lo que más le gustaba era leer. Devoraba novelas iraníes y traducciones de autores occidentales. Soñaba con ser escritora: alguien que inventa personajes, construye mundos y los comparte con los demás. Las matemáticas no estaban en ese plan. De hecho, en sus primeros años de escuela primaria, sus notas en la asignatura eran bastante mediocres.
Un profesor contribuyó al problema. Era el tipo de docente que confunde la lentitud con la incompetencia, que interpreta la cautela de una niña introvertida como señal de incapacidad. Le hizo creer que los números no eran lo suyo. Maryam lo creyó. Siguió leyendo, siguió soñando con escribir, y empujó las matemáticas a un rincón de su mundo interno donde las cosas que no te gustan se acumulan sin hacer ruido. Por suerte para las matemáticas —y para nosotros—, una profesora lo cambió todo.
El error que lo cambió todo
No se sabe exactamente el nombre de la profesora. Pero su rol es inequívoco: fue ella quien empujó a Maryam, hacia los doce o trece años, a participar en una competición matemática escolar. No porque Maryam se lo pidiera, sino porque la profesora había visto algo en ella que Maryam misma no veía. Esa capacidad de observar talento donde el talento todavía no sabe que existe es, quizás, el acto pedagógico más valioso que existe. Maryam participó. Y ganó.
Algo se encendió. No fue una epifanía religiosa ni un relámpago cinematográfico: fue más bien la primera vez que Maryam comprobó que los problemas matemáticos difíciles no se parecen a los ejercicios del libro de texto. Un ejercicio de libro tiene una respuesta conocida por el profesor antes de que el alumno empiece. Un problema de competición es genuinamente difícil: incluso el profesor podría tardar horas en resolverlo. Ese tipo de desafío encaja perfectamente con la mente de alguien que quería inventar historias, porque un problema matemático de verdad es una historia sin final conocido.
A partir de ese momento, Maryam empezó a prepararse en serio. Se juntaba con su amiga Roya Beheshti —que también terminaría siendo matemática profesional— para repasar problemas, competir entre ellas, discutir estrategias. Las dos chicas convencieron a su director de escuela de que las inscribiera en los entrenamientos para las Olimpiadas Nacionales de Matemáticas de Irán, un programa normalmente reservado a chicos. El director dudó. Luego cedió. Era 1993, y las matemáticas iranís estaban a punto de conocer a alguien que las haría famosas en el mundo entero.
Dos oros y una leyenda olímpica
La Olimpiada Internacional de Matemáticas (IMO) es la competición matemática más prestigiosa del mundo para estudiantes de secundaria. Cada año, más de cien países envían equipos de seis participantes a resolver seis problemas de altísima dificultad durante dos jornadas de cuatro horas y media cada una. La puntuación máxima es 42 puntos. Los mejores del mundo sacan entre 30 y 40. Sacar más de 40 es extraordinario. Sacar 42 —la máxima— es algo que solo consiguen unos pocos estudiantes en todo el planeta cada año.
Maryam Mirzakhani participó en la IMO por primera vez en 1994, en Hong Kong. Tenía 17 años. Sacó 41 sobre 42 puntos: medalla de oro. Fue la primera estudiante iraní de sexo femenino en lograrlo. El año siguiente, 1995, la IMO se celebró en Toronto. Maryam regresó. Esta vez sacó 42 sobre 42: la puntuación perfecta. Se convirtió en la primera persona de su país, hombre o mujer, en alcanzar ese resultado en dos ediciones consecutivas. El nombre "Mirzakhani" empezó a circular entre los matemáticos iraníes como se circula el nombre de alguien destinado a algo grande, aunque nadie sabía aún exactamente a qué.
Lo que pocos cuentan de esa época es el obstáculo silencioso que tuvo que sortear para llegar hasta allí. El sistema educativo iraní no tenía, en los años noventa, una infraestructura equiparable para chicas que la que ofrecía a chicos en la preparación matemática de élite. Los campamentos de entrenamiento, los libros de problemas avanzados, las redes de contacto entre estudiantes talentosos: todo estaba diseñado por y para hombres. Maryam y Roya Beheshti tuvieron que reclamar activamente su acceso. Lo hicieron. Y luego convirtieron ese acceso en oro puro.
Sharif: el vivero de genios
Tras las Olimpiadas, Maryam ingresó en el Departamento de Matemáticas de la Universidad de Tecnología Sharif de Teherán. Sharif es el MIT iraní: la institución técnica más exigente del país, donde estudian los mejores estudiantes de ciencias e ingeniería. El ambiente era estimulante e intenso. Y competitivo, en el buen sentido: los estudiantes se retaban entre sí, compartían problemas sin resolver, aprendían tanto en los pasillos como en las aulas.
Durante su estancia en Sharif, Maryam desarrolló una demostración alternativa y más elegante de un resultado de Issai Schur sobre sumas de enteros positivos. El trabajo llamó la atención de sus profesores, que lo enviaron a una revista matemática. Fue su primera publicación. Tenía menos de 20 años. El trabajo también llamó la atención de matemáticos internacionales que la pusieron en el radar de las grandes universidades occidentales.
En Sharif aprendió algo que le resultaría más valioso que cualquier teorema concreto: aprendió a trabajar en colaboración, a preguntar sin vergüenza, a tolerar la incertidumbre durante semanas o meses sin saber si el camino que seguía iba a alguna parte. Los grandes matemáticos comparten esa virtud: son capaces de vivir cómodamente con preguntas que no tienen respuesta todavía. Maryam la practicó en Sharif y la perfeccionó en Harvard.
Harvard y el mentor que la vio
En 1999, Maryam Mirzakhani llegó a Cambridge, Massachusetts, para comenzar su doctorado en Harvard University. Fue admitida directamente en el programa de posgrado sin necesitar un máster previo. La universidad le asignó como director de tesis a Curtis T. McMullen, ganador de la Medalla Fields en 1998 —el mismo premio que Maryam ganaría 16 años después—, un especialista en dinámica compleja y geometría hiperbólica. La elección no fue aleatoria: los intereses matemáticos de McMullen encajaban perfectamente con las preguntas que Maryam empezaba a formularse sobre las superficies.
La relación entre ambos fue extraordinariamente fructífera pero también peculiar. McMullen es conocido en el mundo matemático por su estilo socrático: no resuelve los problemas de sus estudiantes; les hace preguntas hasta que los estudiantes mismos descubren la solución. Con Maryam, eso funcionó de maravilla. Ella tenía el tipo de tenacidad que ese método requiere: no se rendía ante un problema, no buscaba atajos, no se conformaba con respuestas parciales. Las reuniones semanales con McMullen eran, según sus compañeros de doctorado, conversaciones larguísimas en las que Maryam llegaba con preguntas y se marchaba con más preguntas, pero siempre mejores.
Harvard le dio además algo que Irán no podía darle todavía: una red de contactos internacionales. Conoció a Alex Eskin, a Barak Weiss, a otros jóvenes investigadores que trabajaban en geometría y dinámica. Estableció las amistades matemáticas que durarían toda su vida y que producirían algunos de sus trabajos más importantes. Y aprendió a navegar un mundo académico anglosajón, con sus reglas no escritas sobre presentaciones, conferencias y publicación, que a muchos estudiantes internacionales les cuesta años descifrar.
La tesis que abrió un campo entero
La tesis doctoral de Maryam Mirzakhani, defendida en 2004, se titula Simple geodesics on hyperbolic surfaces and the volume of the moduli space of curves. Tiene algo más de cien páginas y contiene tres artículos independientes que pueden leerse por separado. Cada uno de ellos hubiera sido suficiente para una tesis doctoral brillante. Juntos, constituyeron una de las tesis más importantes en geometría de las últimas décadas.
La pregunta central que Mirzakhani se hizo era deceptivamente simple: ¿cuántas geodésicas cerradas simples de longitud menor o igual a L tiene una superficie hiperbólica? Una geodésica cerrada simple es, como hemos visto, el camino más corto que vuelve a sí mismo sin cruzarse en una superficie curva. La respuesta que Mirzakhani encontró es que el número de tales geodésicas crece como una potencia de L relacionada con la topología de la superficie: concretamente, como L elevado a 6g−6, donde g es el género —el número de "agujeros"— de la superficie.
Para llegar a ese resultado, Mirzakhani construyó un aparato matemático completamente nuevo. Desarrolló una fórmula de recursión para calcular los volúmenes de los espacios de móduli de superficies de Riemann con bordes geodésicos —la llamada fórmula de recursión de Mirzakhani— y demostró que esos volúmenes satisfacen las mismas identidades que ciertas funciones combinatorias llamadas polinomios de intersección de Witten-Kontsevich. El resultado conectaba de manera inesperada la geometría hiperbólica con la física teórica de cuerdas, estableciendo un puente entre dos mundos matemáticos que nadie había relacionado de esa manera.
El impacto fue inmediato. Annals of Mathematics —la revista de matemáticas puras más prestigiosa del mundo— publicó uno de los artículos. El Journal of the American Mathematical Society publicó otro. La comunidad matemática leyó la tesis con una mezcla de admiración y perplejidad: la profundidad de las ideas, la elegancia de los argumentos y la audacia de las conexiones establecidas eran extraordinarias para alguien que acababa de completar su doctorado.
Princeton, Stanford y el ascenso imparable
Tras el doctorado, Mirzakhani pasó un año como investigadora asociada en el Instituto Clay de Matemáticas —uno de los centros de investigación matemática más prestigiosos del mundo, fundador de los célebres "Problemas del Milenio"— y dos años como profesora asistente en la Universidad de Princeton. En ese periodo publicó una serie de artículos que consolidaron su reputación como una de las geómetras más importantes de su generación. Su trabajo sobre la ergodicidad del flujo del terremoto de Thurston en el espacio de Teichmüller fue recibido como un resultado definitivo sobre una cuestión que había permanecido abierta durante décadas.
En 2008, con 31 años, Stanford la incorporó como profesora titular. Era una de las más jóvenes en alcanzar ese rango en el departamento. Ese mismo año se casó con Jan Vondrák, matemático e informático teórico de origen checo, profesor también en Stanford desde 2016. La pareja construyó una vida académica plena en el área de la Bahía de San Francisco. En 2010 nació su hija Anahita, que crecería viendo a su madre trabajar en el suelo, con enormes hojas de papel, llenándolas de líneas de colores. "¿Qué haces?", le preguntaba la niña. "Pinto", respondía Maryam. No era del todo mentira.
En Stanford, Mirzakhani inició la colaboración que produciría su trabajo más ambicioso: junto a Alex Eskin, de la Universidad de Chicago, comenzó un proyecto sobre la dinámica de las superficies de traslación que duraría casi una década. El resultado, publicado en 2013 como "Invariant and stationary measures for the SL(2,R) action on Moduli space", es conocido informalmente en el mundo matemático como "el teorema de la jungla de Mirzakhani-Eskin" por su extraordinaria dificultad técnica. El artículo tiene más de 200 páginas y clasifica completamente las medidas invariantes bajo la acción del grupo SL(2,ℝ) en el espacio de móduli de superficies de traslación. Es, según muchos especialistas, uno de los trabajos matemáticos más importantes del siglo XXI.
El año que el mundo matemático cambió
El 13 de agosto de 2014, en el Gran Palacio de Congresos COEX de Seúl, sonó el nombre de Maryam Mirzakhani. El presidente de la Unión Matemática Internacional anunció los ganadores de la Medalla Fields de ese año: Artur Avila, Manjul Bhargava, Martin Hairer y Maryam Mirzakhani. El auditorio reaccionó con un aplauso que los presentes recuerdan como diferente a todos los anteriores: más largo, más cargado de emoción.
La Medalla Fields se crea en 1936. Desde entonces, y hasta 2014, se había entregado en diecinueve ceremonias a cincuenta y dos matemáticos. Todos ellos eran hombres. La exclusión no era formal: no existía ninguna regla que dijera "solo hombres". Era estructural, invisible, sostenida por décadas de acceso desigual a la formación doctoral, las redes de colaboración, las invitaciones a conferencias y la visibilidad académica. Lo que Mirzakhani rompió en 2014 no fue solo una barrera simbólica: fue el resultado visible de décadas de invisibilización sistemática de las mujeres en matemáticas de alto nivel.
La fotografía de la ceremonia en Seúl da la vuelta al mundo. En Irán, el gobierno —que habitualmente borra o pixela el cabello de las mujeres en fotos que circulan en medios oficiales— publicó su imagen sin retoques. Era demasiado grande para censurarse a sí misma. Las matemáticas iraníes recordarán ese momento durante generaciones: una mujer de Teherán, educada en Sharif, recibiendo el premio más alto de su disciplina de manos de la presidenta de Corea del Sur, mientras el resto del mundo miraba atónito y tomaba nota de que el talento no tiene género, tiene dirección.
Lo que la mayoría de los asistentes en Seúl no sabían era que Maryam acababa de terminar un ciclo de quimioterapia. El cáncer de mama, diagnosticado en 2013, estaba en tratamiento activo. Los organizadores del congreso habían reorganizado discretamente el programa para que pudiera marcharse pronto. Ella sonrió, recogió la medalla de oro con su retrato grabado en relieve, y siguió trabajando.
El tiempo robado
La historia del cáncer de Maryam Mirzakhani es también una historia de determinación silenciosa. Cuando recibió el diagnóstico en 2013, eligió no hacerlo público. Siguió publicando, viajando a conferencias, enseñando en Stanford, criando a Anahita. Sus colegas más cercanos lo sabían; el mundo matemático en general, no. El trabajo con Eskin continuó durante los meses más duros del tratamiento. No hubo pausa, no hubo año sabático declarado, no hubo ningún comunicado.
En 2016, el cáncer había avanzado. La metástasis alcanzó el hígado y los huesos. Los tratamientos se intensificaron. Maryam siguió trabajando hasta donde pudo: hay relatos de colegas que la visitaban en el hospital y la encontraban con un cuaderno en el regazo, rodeada de fórmulas. La matemática no era para ella una profesión que se deja en la oficina al final del día: era el modo en que su mente habitaba el mundo, y esa forma de habitar no se apagaba con la enfermedad.
El 14 de julio de 2017, Maryam Mirzakhani murió en Palo Alto, California, con cuarenta años. Su hija Anahita tenía siete. Jan Vondrák estaba a su lado. La noticia se anunció primero en las redes sociales y luego en los medios oficiales de todo el mundo. La Unión Matemática Internacional publicó un comunicado que comenzaba así: "Es con profundo pesar que anunciamos el fallecimiento de Maryam Mirzakhani, ganadora de la Medalla Fields en 2014. Fue una fuente de inspiración para matemáticos de todo el mundo."
En Irán, la noticia desencadenó una reacción que revelaba algo sobre lo que ella significaba para muchas personas más allá de las matemáticas. Las redes sociales iranís se llenaron de mensajes de duelo. Mujeres jóvenes que no sabían nada de geometría hiperbólica escribían que Mirzakhani les había demostrado que las barreras eran saltables. Que si una niña de Teherán podía ganar la Medalla Fields, entonces las limitaciones que el sistema les imponía no eran naturales sino artificiales. Ese tipo de legado no cabe en ningún certificado académico.
La matemática que pintaba en el suelo
El legado de Maryam Mirzakhani tiene varias capas. La primera, la más obvia, es científica: sus resultados sobre geodésicas simples, volúmenes de espacios de móduli y dinámica de superficies de traslación son hitos de la geometría moderna. Su fórmula de recursión para los volúmenes de Weil-Petersson es hoy una herramienta estándar que usada en geometría algebraica, física de cuerdas y combinatoria algebraica. El teorema de Mirzakhani-Eskin sobre medidas invariantes en espacios de móduli ha abierto líneas de investigación que varios grupos en todo el mundo están todavía explorando.
La segunda capa es institucional. En 2018, la Unión Matemática Internacional estableció el 12 de mayo —aniversario del nacimiento de Mirzakhani— como Día Internacional de las Mujeres en Matemáticas. Cada año, universidades, institutos de investigación y escuelas de todo el mundo organizan actividades para conmemorar la fecha y visibilizar el trabajo de matemáticas presentes y pasadas. La iniciativa surgió de una propuesta conjunta de organizaciones matemáticas de América Latina, África subsahariana y Europa, y fue refrendada por la Conferencia Internacional de Mujeres Matemáticas. Maryam no lo sabe, pero la celebración que lleva su nombre en el calendario ha llegado a más escuelas de secundaria en Irán, Brasil o Nigeria que cualquier paper suyo jamás llegará.
La tercera capa es la más difícil de cuantificar pero probablemente la más duradera: el impacto en la imagen que las niñas tienen de lo que es posible. Antes de 2014, si una estudiante de secundaria en Teherán, Lagos o Ciudad de México buscaba un modelo de mujer matemática en el podio más alto de su disciplina, no encontraba ninguno. Después de 2014, existía Maryam Mirzakhani. Con nombre, con cara, con historia. Había salido de una escuela de Teherán, había ganado dos medallas de oro olímpicas, había hecho el doctorado en Harvard y había enseñado en Stanford, y tenía en el cajón del escritorio la única Medalla Fields que jamás había llevado una mujer. No se puede subestimar lo que eso significa para una chica de doce años que todavía no sabe si las matemáticas son lo suyo.
Su hija Anahita tiene hoy quince años. Cuando era pequeña veía a su madre extendida en el suelo con grandes hojas de papel blanco, dibujando con rotuladores de colores líneas que se doblaban y retorcían y volvían sobre sí mismas formando patrones que la niña no entendía pero que encontraba hermosos. "¿Qué estás haciendo?", le preguntaba. "Pinto", respondía Maryam. Esa respuesta era, a su manera, completamente exacta. Lo que Maryam Mirzakhani pintó a lo largo de su vida corta y deslumbrante fue un mapa de territorios que nadie había explorado. Y ese mapa, como todos los mapas buenos, invita a seguir viajando.
Test de conocimiento
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01 / ¿Qué puntuación obtuvo Mirzakhani en la Olimpiada Internacional de Matemáticas de 1995?
Preguntas frecuentes
Todo lo que la gente quiere saber
La Medalla Fields es el premio más prestigioso en matemáticas puras, equivalente al Nobel —que no existe en matemáticas—. Se entrega cada cuatro años, en el Congreso Internacional de Matemáticos, a entre dos y cuatro matemáticos menores de 40 años. Fue creada en 1936 por iniciativa del matemático canadiense John Charles Fields. Consiste en una medalla de oro y un premio en metálico de 15.000 dólares canadienses, aunque su valor es esencialmente simbólico: ser galardonado equivale a ser reconocido como uno de los matemáticos más brillantes del mundo en ese momento.
El trabajo de Mirzakhani se sitúa en la frontera entre la geometría hiperbólica, la teoría ergódica y la geometría algebraica. Estudió cuántas geodésicas cerradas simples tiene una superficie de cierto tipo, calculó los volúmenes de los espacios de móduli de superficies de Riemann y clasificó las medidas invariantes en espacios de superficies de traslación. Sus resultados conectan de manera inesperada con la física de cuerdas y la teoría de la gravedad cuántica. En cuanto a aplicaciones "prácticas" en el sentido cotidiano, son indirectas: la geometría hiperbólica subyace en modelos de redes de información, criptografía y teoría de códigos. Pero Mirzakhani no hacía matemáticas para aplicarlas: las hacía porque eran hermosas y porque las preguntas que planteaba exigían ser respondidas.
No existe una razón única sino una acumulación de barreras estructurales: acceso desigual a la educación matemática de élite, menor representación en programas de doctorado en las universidades más reputadas, redes de colaboración informales históricamente masculinas, sesgo inconsciente en los comités de selección, y la presión social sobre las mujeres para no priorizar carreras de investigación intensa frente a la familia. El límite de edad de 40 años también penaliza a las mujeres, que con frecuencia interrumpen su carrera por maternidad en esa franja de edad. Mirzakhani rompió todas esas barreras simultáneamente: fue doctora en Harvard, hizo una carrera continua de investigación de alta intensidad y recibió el premio mientras criaba a una hija pequeña y combatía el cáncer.
Sus colegas la describen como extraordinariamente generosa con su tiempo y sus ideas. Era conocida por su risa fácil, su interés genuino por las matemáticas de los demás y su capacidad para hacer preguntas que iluminaban el problema de quien hablaba con ella. Como profesora en Stanford, era exigente pero accesible. Varios de sus estudiantes de posgrado recuerdan que las reuniones con ella eran infrecuentes pero densas: llegaban con un problema y salían con tres preguntas nuevas que nunca habrían formulado solos. Su método de trabajo —extendida en el suelo con grandes hojas de papel, dibujando— era visualmente memorable y reflejaba algo de su carácter: le gustaba ver las cosas a escala, en perspectiva, ocupando espacio físico.
La muerte de Mirzakhani en 2017 fue un golpe profundo para la comunidad matemática internacional, que rara vez experimenta el fallecimiento de uno de sus miembros más activos en plena productividad. Stanford, Harvard, Princeton y el Instituto Clay emitieron comunicados. La Unión Matemática Internacional organizó sesiones conmemorativas. Varios proyectos matemáticos abiertos que Mirzakhani no pudo completar fueron retomados por sus colaboradores como homenaje póstumo. Alex Eskin completó y publicó trabajos iniciados conjuntamente. El Día Internacional de las Mujeres en Matemáticas, celebrado cada 12 de mayo desde 2019, es el memorial más vivo de su legado institucional.
Una geodésica es el equivalente de una "línea recta" en una superficie curva: el camino más corto entre dos puntos. En la Tierra, las geodésicas son los arcos de círculo máximo que siguen los aviones en sus rutas más largas. En una superficie hiperbólica —con curvatura negativa— las geodésicas tienen propiedades fascinantes: pueden cerrarse (volver al punto de partida) o no, pueden cruzarse o no, y su conteo está directamente relacionado con la topología de la superficie. Mirzakhani demostró una fórmula exacta para el número de geodésicas cerradas simples (sin autointersecciones) de longitud menor que L: crece asintóticamente como una constante multiplicada por L elevado a 6g−6, donde g es el género de la superficie. Era una pregunta de casi un siglo de antigüedad.
Mirzakhani era relativamente reservada en público pero concedió algunas entrevistas memorables tras recibir la Medalla Fields. Dijo que la investigación matemática se parece a "perderse en una jungla y usar todo tu conocimiento para encontrar la salida, y que a veces en el proceso descubres algo hermoso que no estabas buscando". Describió su propio método de trabajo como lento y paciente: le gustaba pasar semanas o meses con un problema sin ver progreso antes de que de repente todo se aclarara. También habló con frecuencia del papel de la colaboración: nunca presentó sus trabajos más importantes como logros solitarios, sino como conversaciones largas con otras personas. Esa actitud, contraria al mito del genio aislado, es parte de su legado.
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